La reja del parque
Por: Felipe Assadi
Instalar una reja perimetral en torno al Parque Forestal es una de las opciones que se discute durante estos días con el propósito de evitar actos ilícitos, “disolver las malas juntas” y erradicar, o al menos disminuir, lo que vecinos del sector y autoridades han catalogado como manifestaciones de tribus urbanas. Dentro de ellas se mencionan largas jornadas de juerga, drogadicción, sexo impúdico y explícito, y “actos de mal vivir”; conductas que según el alegato, deterioran la calidad de vida de quienes habitan en los alrededores del parque. A esto hay que sumarle ahora las ferias sin permiso, las cocinerías callejeras que se tomaron el espacio público y el ruido molesto de los fines de semana.
La polémica, más allá de cerrar el parque con una reja de cuatro metros de altura, tiene que ver con el uso del espacio público en general, con la tolerancia y con un tema valórico. Lamentablemente, todo se junta en el mismo lugar, y la solución de la jaula y el aislamiento surge como respuesta inmediata; posibilidad que según ha dicho el alcalde, no es alternativa en Santiago.

El año pasado los arquitectos celebramos la Bienal de Arquitectura en la plaza que antecede al MAC, en pleno Forestal. Las autoridades nos obligaron a instalar una reja perimetral de 165 cm de altura en la plaza, como condición para el evento, cuestión que todos repudiamos pero que no fuimos capaces de evitar. Ésta es una autocrítica, ya que aún sabiendo que se intervenía el espacio público –plaza que pertenece a todos– cerramos una parte del parque para “privarlo” del público. El resultado fue un desastre, no sólo en términos visuales, sino en el uso. No hay nada peor que tener que pedir permiso para sentarse en un escaño de la plaza. La alternativa de la reja por lo tanto, es absolutamente despreciable, por necesaria que parezca.
El ancho del Forestal es completamente abordable por un sistema coordinado de vigilancia. Los ejemplos de parques enrejados o amurallados que conocemos tienen que ver con grandes extensiones de áreas verdes en las que es realmente imposible controlar lo que sucede en su interior. Pero el Forestal no es ese tipo de parque.
Estoy de acuerdo con que la calidad de vida se ve disminuida cuando hay un mal uso del espacio público, y en tales casos no queda más que una vigilancia intensa sumada a campañas que promuevan una adecuada utilización de los recintos comunes; algo que por cierto hace mucha falta, aunque no sólo en los parques públicos.
Estoy de acuerdo con que en el Parque Forestal hay excesos de todo tipo, pero una reja sólo trasladará al problema a otro espacio público que, tarde o temprano, habrá que enjaular también.
Postdata: Las rejas hay que usarlas, por supuesto. Hay que usarlas para mantener a los delincuentes adentro, no para encerrar parques públicos.
Foto: Francisco Javier Olea
Fuente: emol.com

Esa es una respuesta que necesitaba… si la delincuencia y los excesos están y seguirán estando, aparte de la reja, ¿que otra solución puede haber para satisfacer todos los problemas de una vez? y con esta necesito otra respuesta, ¿cual es el impedimento para la organización de un sistema de seguridad para espacios públicos? economía… destruirán parte de las rejas.
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