Emblemáticos proyectos representarán a Chile en Nueva York
Por: Cecilia Valdés Urrutia
Doce obras de arquitectura de estos últimos diez años, emplazadas entre Iquique y Puerto Natales -como el nuevo Museo de Atacama, la sede de la Universidad Adoldo Ibáñez y el Hotel Índigo, en la Patagonia-, representarán a Chile en la primera muestra de este género en el flamante Espacio Puro Chile, en Nueva York, el próximo 24 de septiembre.
La variadas realizaciones -que van desde proyectos sociales hasta singulares termas- serán exhibidas en una muestra multimedia, con 12 proyecciones simultáneas, junto a maquetas y dibujos, en un montaje a cargo del arquitecto Felipe Assadi, en la gran sala ubicada en la 161 Grand Street. La idea es que estos proyectos den cuenta de una determinada identidad arquitectónica, una madurez de conceptos, y muestre una nueva alianza de la arquitectura chilena con el paisaje.
La elección y organización de la muestra está a cargo de la Universidad Andrés Bello, en la persona del decano de arquitectura de esa casa de estudios, Alberto Sato para quien el variado paisaje de nuestro país se integra “con la acción unificadora de la cultura arquitectónica, que ha cobrado una particular importancia en esta década”.
Alianza con el paisaje
Los arquitectos chilenos han puesto de manifiesto la madurez de esta disciplina -afirma Sato-. “En el sentido de no circunscribir las obras a lecturas estrictamente geográficas o localistas, sino que responder a un discurso unificador. Lo que se revela en la conciencia de producir nuevos significados con las propuestas y entrar en una nueva alianza con el paisaje”.
Este fenómeno, que se inscribe en los “nuevos paradigmas de la arquitectura” -según el académico-, se da hoy en el exterior magistralmente en arquitectos, como el suizo Peter Zumthor, Premio Pritzer de Arquitectura 2009, cuyas obras -como las Termas de Vals y el Museo de Arte de Vregent- trascienden el manejo de los materiales localistas y los universaliza.
En esa “nueva alianza” con el entorno fue seleccionada la celebrada experiencia social de Elemental en “Quinta Monroy”, realizada en Iquique, por los arquitectos Alejandro Aravena, Alfonso Montero, Tomás Cortese y Emilio de la Cerda. Ellos proyectaron un inédito y revolucionario conjunto de viviendas sociales, partiendo de un concepto al revés del acostumbrado: “cambiamos la manera de pensar el problema y optamos por proyectar una vivienda de clase media, con todas las condiciones para poder ampliarla. Nosotros entregábamos ahora una parte: la que a una familia le sería imposible construir en años o nunca (baños, cocina, escaleras, muros medianeros)”, señalan.
Innovadores aportes
Un proyecto de impacto y de valor histórico que se inaugura a fines de año, seleccionado para Nueva York, es el Museo del Desierto de Atacama, ubicado junto a las ruinas de Huanchaca. En tanto, la obra más austral escogida es el Hotel Índigo, en Puerto Natales, de Sebastián Irarrázabal. Emplazado en el seno de Última Esperanza, su volumen contemporáneo va descubriéndose en forma fragmentada, como lo haría un viajero al llegar a un lugar. Se usaron planchas de fierro pintadas de color rojo hacia la calle y maderas a los costados. Se unió allí “arquitectura y diseño gráfico: adoptando ciertas iconografías del lugar, como el universo gráfico de contenedores y barcos, que recuerdan el Navimag, el único barco que atraca cada jueves trayendo alimentos y noticias”, cuenta el arquitecto Sebastián Irarrázabal.
También se llevan a Manhattan las Termas Geométricas, del arquitecto Germán del Sol, con las intervenciones de diseño y arquitectura que realizó en el Parque Nacional de Villarrica.
El premiado Edificio Manantiales, de Antonia Lehmann y Luis Izquierdo -expuesto antes en el MoMA, junto a grandes proyectos de arquitectura del mundo-, constituye un ejemplo en su forma de respetar el entorno del ya deteriorado barrio El Golf, con un singular tratamiento de espacios, formas y estructuras con sus “vigas invertidas y pilares cilíndricos” a la vista.
Rebeldes a su entorno
Una propuesta muy jugada contiene el Edificio Bip Computers (ubicado en calle Bilbao con Suecia), construido en base a una original arquitectura de madera, de gran movimiento, desarmable y abierta, radicalmente distinta a su entorno, como destaca Alberto Sato. Algo similar plantea el restaurante Mestizo, “en donde el material de la piedra aparece curiosamente en el centro de la ciudad” -agrega el académico-, con un concepto arquitectónico que partió inicialmente con la idea de “armar un artefacto constructivo”.
El Edificio Plaza Pedro Montt, en Ñuñoa, fue pensado como “una ambivalencia positiva entre un edificio colectivo y una gran casa”, indica su arquitecta, Cecilia Puga. Levantado en hormigón armado “representa una actitud rebelde frente al edificio típico de clase media de esa zona”, precisa el curador.
“Casa 11 mujeres”
Otro de los escogidos es la sede de posgrado de la Universidad Adolfo Ibáñez, ubicada en Peñalolén alto, que acomete directamente por la pendiente precordillerana. En una idea que no busca liberarse de la naturaleza, “pero cuya arquitectura no se funda en su dominio”, como señala su arquitecto José Cruz Ovalle.
La Casa Schmitz , en Calera de Tango, a cargo de Felipe Assadi, se presenta como una “pesada caja de hormigón que es sustentada por un liviano cuerpo de vidrio, en medio de campos frutales. Lo que quizá interrumpe la lógica de los materiales, pero potencia la idea de la liviandad sobre el terreno”, sostiene el autor. Mientras la “Casa 11 mujeres”, de Matías Klotz (volumen en hormigón) debió luchar para su emplazamiento en una fuerte pendiente ubicada frente al mar, en Beranda (Zapallar). El pedido responde a una pareja (de separados), que juntan entre los dos, 11 hijas.
Irreverente casa museo
La más osada es la Casa Poli: emplazada en la península de Coliumo, se yergue como un podio solitario, aunque está frente al mar. Su organización debía alternar -explican los arquitectos Mauricio Pezo y Sofía von Ellrichshaussen- el ser una casa de vacaciones y cumplir con las funciones de un centro cultural. Acordaron dejar los recintos sin nombres y sin función, como meras salas semi interconectadas. La obra se hizo en concreto artesanal (moldajes de madera sin tratar), que constituye “una masa que se arruinará naturalmente”, reconocen los autores.
Enclavado en el impactante escenario de las Ruinas de Huanchaca (al sur de Antofagasta, a metros del mar) se encuentra el nuevo Museo del Desierto de Atacama, en marcha blanca, aún no inaugurado . Las macizas y monumentales mamposterías de Huanchaca (en lengua inca, “puente de las penas”) que quedaron de la fundición de plata Playa Blanca son el motivo de este museo de sitio, emplazado en lo que fue esa histórica obra hecha por empresarios ingleses a fines del siglo XIX, desmantelada en 1902.
Declarada monumento nacional en 1974, se convirtió en un sitio emblemático: muchos pensaban que eran ruinas incas, cuenta el arquitecto Ignacio Volante. En 1996 se llamó a concurso para hacer un museo, “y los ganadores fuimos un grupo de arquitectos jóvenes. Pasaron varios años y finalmente Enjoy escogió el parque para hacer un hotel y un museo con los mismos que ganaron el concurso”. El museo, de dos mil metros cuadrados, sintetiza el proyecto original, y estuvo a cargo de Ramón Coz, Marco Polidura, Eugenia Soto e Ignacio Volante.
“Este edificio contemporáneo dedica el protagonismo a la preexistencia de la ruina y elabora una estrategia en torno a la matemática de las mamposterías “, precisa Volante. Las ruinas tienen una matemática: son 11 cajas que contienen una idea de lleno y vacío, la que se recupera en las cinco salas rampantes, la sala de antropología, la dedicada al desierto de Atacama, la destinada a la minería y la del proceso del producto. Está también la sala ESO (acondicionada por el European Southern Observatory), “dedicada al universo, con tecnología digital exquisita, que hace una apología a la oscuridad para mirar las estrellas. Posee hasta una gigantografía digital para ver la Vía Láctea”, destaca el arquitecto.
Esas salas del interior quedaron como grutas, porque son cerradas hacia afuera: se inspiran en los templos del Valle de los Reyes, en Egipto. En los patios que quedan entre las rampas y en toda la cubierta se observan las ruinas y el mar. “En el acceso principal hay un gran mural, que muestra cómo eran los vestigios cuando funcionaban, y al fondo se hizo un tajo de 22 metros en las paredes, sin pilares, para ver las ruinas, lo que hace que todo flote en ese espacio y se dé una relación con las mamposterías muy especial”, destaca.
Los elegidos:
- “Proyecto Elemental. Quinta Monroy”, Iquique.Aravena, Montero, Cortese, De la Cerda, Iacobelli.Elevó la vivienda social.
- Museo del Desierto de Atacama. Ruinas de Huanchaca.Cox, Polidura, Volante Arquitectos.Inspirado en el Valle de los Reyes de Egipto.
- Casa 11 mujeres.Beranda. Zapallar. M. Klotz.Volumen en fuerte pendiente al mar.
- Edificio Manantiales. RM. Las Condes.Lehmann, Izquierdo, Lira, Peñafiel.Ícono del barrio El Golf.
- Universidad Adolfo Ibáñez. Sede de Posgrado. RM. Peñalolén.J. Cruz.Un edificio que supera al paisaje.
- Edificio Big Computers. Providencia. A. Mozó.Una obra desmontable en madera.
- Restorán Mestizo. Vitacura.S. Radic.Piedras rústicas en Vitacura.
- Edificio Plaza Pedro Montt.RM. Ñuñoa. C. Puga.”Rebelde” al medio social.
- Casa Schmitz.Calera de Tango. F. Assadi.Un caja de hormigón.
- Casa Poli. Concepción. Península de Coliumo.M. Pezo y S. von Ellrichhausen.Casa y museo vacío frente al mar.
- Termas Geométricas. Villarrica. G. del Sol.Intervención del paisaje.
- Hotel Índigo. Puerto Natales.S. Irarrázabal.Diálogo contemporáneo en el Seno de Última Esperanza.
Fuente: emol.com




Interesante artículo, apareció también comentado hoy en La Tercera. En mi blog lo presento e incluyo la información de su artículo.
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