El oasis urbano de Bellavista
María Cecilia de Frutos D.
Fotografías Claudio Vera O.
Bellavista se asocia al arte, la gastronomía, la vida bohemia y la cultura. Un sector único en Santiago donde se une el turismo y la artesanía; un barrio cosmopolita y local. Es esta esencia la que recoge como principio básico el Patio Bellavista en todos sus rincones; y luego de tres años de haber abierto sus puertas, acaba de estrenar su segunda etapa.
El lugar surgió a partir del rescate de un antiguo cité y galpones industriales que datan de 1900 y que se habilitaron para albergar restoranes y tiendas a modo de un boulevard. Ocupando la cuadra entre las calles Constitución y Pío Nono, en esta reciente ampliación se incorporó una nueva fachada por Bellavista, además de otros accesos, y un estacionamiento subterráneo para más de 200 autos.
El responsable de esta segunda fase fue el arquitecto Martín Lira, quien trabajó junto a Agustín Palacios, Paula Tuckermann y en colaboración con Sebastián Larroulet. Ellos tomaron como opción primera la conservación de fachadas existentes, y buscaron armar un proyecto unitario que se amarrara de forma armónica con la primera etapa. El terreno donde se llevó a cabo la ampliación contenía galpones de almacenamiento de la firma Salo, cuyos exteriores eran muy atractivos aunque sus espacios interiores estaban casi destruidos. Un par de casas de adobe también se añadieron completas al proyecto.
Las nuevas construcciones del Patio debían mantener la escala humana tan propia de Bellavista, por lo que Lira propuso volúmenes de no más de dos pisos de altura. “Planteamos una arquitectura limpia que no compite, sino que convive con lo existente”, dice. Para ello escogió materiales neutros como ladrillo, metal y vidrio, y tomó como referencia ciertos elementos de la etapa inicial, como los pasillos, corredores, y la plaza central, que en este caso se replicó como un gran anfiteatro pensado para ser escenario de exposiciones y obras de teatro. Asimismo, se continuó con el pavimento de adoquines y baldosas, y se marcaron los lugares de estar -como las terrazas de los restoranes- con decks de madera.
Como complemento a la arquitectura del lugar, las paisajistas Marcela Carcur y Francisca Astaburuaga elaboraron un diseño que incluye árboles perennes y caducos, dispuestos en jardineras y maceteros de hormigón que no perturban la circulación ni las vistas. Destaca especialmente una pileta en el nuevo acceso de calle Constitución, que se hizo con esculturas de cerámica y piedra del artista Paolo Valdés, el mismo autor de una serie de piezas que adornan otros rincones del proyecto. De noche, gracias al trabajo de iluminación que hizo la arquitecta Paulina Sir, la atmósfera cambia por completo dando paso a un juego de luces tenues que van marcando los distintos recorridos.
Con sus cielos abiertos, estrechas callecitas interiores y variedad de fachadas, este rincón de Santiago hace recordar los barrios de antes, tal como se planteó en el proyecto original, según cuenta el director ejecutivo de Patio Bellavista, Cristián Moreno. Así como alberga a extranjeros, familias, amantes de la ciudad y a quienes buscan entretención, es el lugar de reunión para estudiantes, profesores, y los mismos vecinos, quienes se apropiaron rápidamente de él y lo comenzaron a usar a modo de atajo-paseo. “Aquí se recoge el habitar propio del sector”, dice Lira, con nuevos restoranes que además ofrecen un valor agregado: jazz, café concerts, teatro, tango, rock…, mientras que las tiendas de moda y dos grandes librerías lo convierten en un completo y variadísimo panorama urbano.
Fuente: emol.com












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