El mural de Agatha
Por: Felipe Assadi
La inserción de un sistema de transporte subterráneo dentro de una trama urbana constituida, en la que no hay vacíos preexistentes para ubicar las estaciones, va dejando sustracciones difíciles de reparar. Botar un edificio de una esquina para construir sólo en el subsuelo deja dos medianeros a la vista como fachadas muertas, en las que el espacio a nivel calle sufre las consecuencias de un “edificio faltante”; algo que se repite mucho en la superficie de las nuevas líneas del metro. En algunos casos se ha reparado con un programa evidentemente transitorio. En otros se ha escondido el problema detrás de una incipiente vegetación. Dentro de la estrategia del camuflaje, aparece el tema del mural como la opción más estable.
Eso de pintar los medianeros no es nuevo ni local. En algunas ciudades incluso se replican fachadas para simular arquitecturas mediante retablos gigantes.

La semana pasada se inauguró, en la esquina donde se ubica la estación Bellas Artes del metro, un mural diseñado por Agatha Ruiz de la Prada, acto que contó incluso con la presencia de la autora. No faltarán quienes dirán que en la estación Bellas Artes habría que haber instalado una “obra de arte” y no un diseño como éste. Tampoco faltarán los que critiquen que, teniendo en Chile tanto buen artista, se le entregue un espacio de esta importancia a una diseñadora extranjera.
Lo cierto es que, pese a lo anterior, no se puede dejar de agradecer a quienes estuvieron detrás de esta obra. Podría haber sido Ruiz de la Prada u otro. El punto es que mientras unos destruyen la ciudad apropiándose del espacio público, otros la recuperan con obras sencillas que, al menos por el tiempo que estén ahí, serán un punto de atracción para todos los usuarios del barrio, incluso para turistas. Mientras unos ensucian fachadas completas, otros reparan, aunque sea con obras transitorias, los efectos secundarios del desarrollo de su propia infraestructura.
Postdata: No está demás acotar que, también en Santiago, murales como éste han durado décadas, incluso más que las enredaderas y los programas parche de temporada.
Ilustración: Francisco Javier Olea
Fuente: emol

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