La influyente Toshiko Mori
Por Soledad Salgado
Toshiko MoriLa arquitecta Toshiko Mori se pasea por Harvard con propiedad. Pequeña, de voz suave y cálida, constantemente se la ve en animadas conversaciones con arquitectos de renombre como Tadao Ando, Jacques Herzog o Rafael Moneo. Dicen que es “la” mujer que pisa fuerte en el Graduated School of Design (GSD); que es capaz de influir en quién es admitido o no como profesor; que su opinión es muy valorada a la hora de las postulaciones al premio Pritzker y en la elección de sus jurados (ella lo fue en 2006); que abre las puertas a los niveles más altos, insertando a quien quisiera en el club de los starchitects. Pero ella, ni caso. La primera mujer en ser designada Jefa del Departamento de Arquitectura en 2002, cargo que ocupó hasta el año pasado, dice enfática: “No me veo de esa manera. Estoy al servicio de la disciplina y la pedagogía. En ese sentido creo que tengo la capacidad de imaginar cuán lejos puede llegar alguien, y lo puedo propulsar en su futura trayectoria”.
Seguramente tipea las respuestas a esta entrevista entre clase y clase, o entre reuniones y visitas a las obras que desarrolla en su propia oficina, Toshiko Mori Architects, creada en 1981. Seguramente, para contestar, dejó de lado uno de los tantos libros que lee a la vez, o se sentó frente al computador luego de su diaria y mañanera rutina de ejercicios. Lo importante es que está contenta de hablar de su carrera con un medio nacional. “Realmente pienso que los arquitectos chilenos contemporáneos son unos de los más talentosos del mundo.
Pienso en Radic, Puga, etc. Me interesa la claridad, simplicidad, rigor y la relación que establecen entre el edificio y la naturaleza”, comenta, y bromea también con el supuesto parentesco que tendría con Alejandro Aravena, con quien comparte el apellido Mori, “¡es mi hermano perdido!”.
Nació y creció en el Japón de post guerra, bajo la ocupación norteamericana, en momentos en que la comida y los bienes materiales eran escasos. Por entonces se divertía dibujando en envoltorios rotos o servilletas, y haciendo sus propios juguetes junto a su hermano.
¿Cómo influye esa experiencia en su quehacer arquitectónico y estilo de vida?
El interés por los materiales y el proceso de fabricación que se aprecia en mi trabajo viene del ingenio que veía en mi mamá y en mi abuela; ellas se las arreglaban con los pocos elementos disponibles. Fue una infancia de profunda reflexión sobre una dura realidad; y, por lo mismo, el jugar entre ruinas, el ver soldados heridos, y conocer orfanatos, me llevó a tener una firme determinación a resistir la guerra y la violencia.
A Mori le interesa de sobremanera la exploración de materiales que originalmente no fueron pensados para la arquitectura, así como la reutilización de éstos. De hecho dirige uno de los talleres más populares en GSD relacionado con la innovación en estructuras, “un curso que te lleva varios años hacia el futuro”, comenta el chileno Gastón Cañas, quien tuvo la posibilidad de tomarlo durante su estada en Harvard. “Implica nuevas respuestas a la disciplina. Además creó una biblioteca de materiales donde hay una muestra de todo lo que se puede usar en arquitectura. Alguna vez me pidió arcilla blanca -la que tienen las plazas en Santiago- para incorporarla”, cuenta Cañas. De hecho Mori ha usado en sus proyectos tejidos de vellón y poliéster, además de fibra de vidrio y de carbón; este último, en el techo del Darwin D. Martin House Visitor’s Center en Buffalo, Nueva York.
Ama la idea de usar lo que es considerado una artesanía femenina -las tramas del tejido- para crear trabajos tan firmes como el concreto sin la sensación de peso, y que éstas contribuyan a la generación de obras sustentables. Levedad y luz acompañan su trabajo. “Me han tildado de minimalista, pero más bien soy barata”, comentó en alguna oportunidad la mujer que además ha desarrollado esta línea en tiendas de diseñadores como Issey Miyake y Comme des Garçons. Para ella es inconcebible que en un campo tan antiguo como la arquitectura se siga trabajando sin conciencia, desperdiciando material, y con ello dañando el medio ambiente.
Mori desembarcó en Nueva York a mediados de 1966 por el trabajo de su padre; justo en la celebración del Puerto Rico Day Parade. Colores, luz y risas recibieron a una Toshiko adolescente que rápidamente se encantó con esta nueva tierra, la que no quiso abandonar cuando a su padre lo trasladaron a Londres. Cursó arquitectura en The Cooper Union atraída por la “naturaleza holística” de la disciplina que incluía arte, ciencia y filosofía. Y desde que se graduó supo combinar magistralmente una carrera académica y una privada, trabajando en Harvard y también como profesora invitada en la universidad de Columbia y Yale.
¿Cómo fue la experiencia de ser la primera mujer en asumir como jefa de departamento en el GSD?
Fui también la primera en ser profesora titular vitalicia. ¡Y eso ya fue un shock! La verdad es que el GSD tiene un ambiente de mucha colaboración y el género no es algo que importe mucho. El ser mujer fue un accidente. En ese momento me llamaron para crear una plataforma más fresca.
Y lo hizo estableciendo métodos académicos innovadores, como combinar teoría e historia con diseño y tecnología, para que los alumnos se dieran cuenta de que en la actualidad se deben manejar diferentes campos simultáneamente. “Los jóvenes son muy inteligentes y necesitan desafíos sin límites”.
¿Qué es lo más importante que ellos deben aprender?
Deben observar calmadamente y de manera precisa, pero imaginar libremente. Tienen que aprovechar el potencial de la creatividad.
Fuente: emol.com


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